Abogacía y emociones, un binomio que suma

Hasta hace no mucho tiempo, emociones y abogados podrían resultarnos algo así como la extraña pareja.

Y es que estamos hablando del sector de la abogacía, un ámbito en el que, secularmente, la gestión de las emociones ha sido un tema irrelevante e, incluso, marginado, frente a la prevalencia del conocimiento técnico jurídico y la capacidad de estudio y análisis como eje fundamental del desarrollo profesional de los letrados.

Es decir, la prioridad ha venido siendo el caso, el encargo, en lugar del cliente.

Sin embargo, estamos ante otro de los nuevos retos que deben asumir los abogados: comprender la estrecha y amplia relación que la inteligencia emocional tiene con el mundo jurídico y sus múltiples aplicaciones y beneficios, de modo que puedan sacar cada vez más partido a sus habilidades interpersonales.

Esa percepción explica que en los últimos años esté aumentando entre las firmas legales la inquietud por explorar la importancia de las llamadas soft skills y por incorporar procesos de aprendizaje social en el campo del derecho. En ese sentido, parece estar produciéndose una tendencia creciente a integrar esa dimensión humana en el ejercicio diario de los abogados, de situarla en un primer plano  como un concepto con un valor diferencial determinante que puede incrementar las posibilidades de éxito de un bufete y su liderazgo en un mercado global y tan competitivo como el suyo.

Ya lo afirmó Daniel Goleman, el psicólogo estadounidense, autor del bestseller internacional Inteligencia Emocional, que popularizó dicho término: “los mejores abogados no son los más inteligentes, ni los más técnicos, sino aquellos que, siendo inteligentes y técnicos, son emocionalmente inteligentes”.

 ¿Cuál es la importancia de la inteligencia emocional para los bufetes?

Hay que partir de una idea fundamental como es el hecho de que la práctica de la abogacía conlleva trabajar con terceras personas: clientes, colaboradores, abogados de la parte contraria, jueces, personal del juzgado, compañeros de despacho….

En esa interacción, las emociones juegan un papel esencial, ya que son la puerta de entrada a la conexión y creación de un vínculo de confianza con todas ellas y, a la vez,  una herramienta potente para que las relaciones que se establezcan y las labores que se lleven a cabo se desarrollen de forma eficiente y exitosa.

Goleman define la inteligencia emocional como “la habilidad para reconocer y entender las emociones de uno mismo y las de los demás, de forma que dicha advertencia sirva para gestionar el comportamiento y las relaciones con otros”.

Tal definición permite situar en el mismo nivel de importancia y exigencia las hard skills (conocimientos técnicos) y las habilidades transversales (soft skills), que son todas aquellas que tienen que ver con el trabajo en equipo, el liderazgo y la inteligencia emocional, como factores claves para conseguir una marca personal que te haga diferente.

Ya no hay duda, por tanto,  de que el fomento de la inteligencia emocional en los despachos de abogados debe ser una prioridad y una  pieza primordiales  para el éxito de la organización.  Porque un despacho formado por profesionales que sepan liderar equipos, identificar las preocupaciones de los clientes, establecer sólidas relaciones y lazos de empatía logrará incrementar la productividad y alcanzar altas cotas de influencia e impacto en el sector de la abogacía.