¿Qué hay de las garantías legales de los “Instahijos”?

 

Han convertido los avatares de su día a día, sus experiencias de maternidad, sus gustos de moda, looks, secretos de belleza, estilo de vida… en un auténtico escaparate  y en un fenómeno que atrae a miles de seguidores.

Estamos hablando de las “Instamamis” y los “Instapapis” o el boom de las mamás y los papás en las redes sociales –de forma abrumadora en Instagram y You Tube- que está creciendo como la espuma.

Todo empieza porque un buen día comienzan a subir la primera foto de su bebé, sus primeros pasos, su primer chapuzón en la playa, el primer disfraz que le queda graciosísimo y a grabar sus trastadas y ocurrencias. Se inicia así una dinámica que va encandilando a más y más simpatizantes que se enganchan a sus historias y que les aportan una enorme popularidad.

El trasfondo de todo ello, sin embargo, en el que tiene que ponerse el foco de atención, es que están utilizando a sus hijos menores de edad para crear contenido en sus perfiles de redes sociales y conseguir tirón mediático y fama.

El debate, por tanto,  que genera este tema es que se puede colocar a los menores en situaciones complicadas debido a esa sobreexposición pública, y pueden llegar a quedar comprometidos sus derechos a la intimidad y a la propia imagen, derechos de los que son titulares y que tienen reconocidos en el Título I de la Constitución.

Cuestiones fundamentales a tener en cuenta cuando se suben  sistemáticamente fotos de un menor a las redes porque estamos hablando de personas especialmente vulnerables y con una escasa o nula capacidad de maniobra legal.

Lo que dice la ley

Realmente no es un tema sencillo que se reduzca al hecho de que mis hijos son “míos” y puedo publicar de ellos lo que estime conveniente. Hay muchos matices a la hora de abordar este asunto complejo porque no es lo mismo que el hijo en cuestión tenga menos de 14 años o que supere esta edad. En este último caso, será su opinión y su consentimiento los que primen por encima del de sus padres, y los que serán tenidos en cuenta por un juez si llegara a producirse un desacuerdo entre ambas partes.

Sin embargo, hasta alcanzar ese grado de madurez, el Tribunal Supremo establece de forma rotunda que la difusión de cualquier imagen de un menor vulnerará el ordenamiento jurídico si no cuenta con el consentimiento de los padres o representantes legales.

Cuando ese acuerdo no se produce, podrá ser el juez el que autorice o deniegue la divulgación de las imágenes del menor atendiendo  a las circunstancias del caso y al interés del menor.

Más allá de estos escenarios planteados, la conclusión más importante que se debe subrayar es  recordar a los padres que, por encima de todo, tienen la responsabilidad de proteger la imagen de sus hijos y que deben actuar con sentido común.

Frente el protagonismo exponencial que están cobrando las redes sociales en nuestras vidas por sus enormes atractivos, hay que detenerse también a pensar y sopesar los peligros que conllevan al actuar como difusores mundiales de mucha información privada que no siempre se utiliza y canaliza de la forma más correcta.